sábado, 23 de agosto de 2014

Aneurin (o Aneirin)




Bardo galés del siglo VI cuyos poemas contienen arcaísmos reveladores de la antigua civilización de los bretones del norte de Gran Bretaña, en las fronteras con los pictos. Aneurin es el primero que aludió al misterioso "rey" Arturo. 

De: "Pequeño diccionario de mitología céltica", Jean Markale

viernes, 22 de agosto de 2014

Sobre los druidas



Los encargados de mantener vivas las creencias y tradiciones, como así también de oficiar en las ceremonias religiosas y rituales místicos eran los druidas, sacerdotes de orientación shamánica, cuyo origen deriva del término gaélico daur, que significa literalmente roble o encina y vid, sabio, que en conjunto se traducen, según las tradiciones celtas, como "los conocedores de los misterios del roble", ya que se los solía ver con frecuencia en los claros de los bosques, donde recogían el mistletoe o muérdago sagrado y llevaban a cabo los ritos asociados con sus funciones de sacerdotes, sanadores, magos, maestros, jueces, oráculos y lideres religiosos.

De: "Los celtas", Roberto Rosaspini Reynolds

Anaon




En la Bretaña armoricana, son las almas de los difuntos. Los Anaon se pueden aparecer en ocasiones a los vivos, particularmente en la vigilia de Todos los Santos, que corresponde a la gran fiesta celta de Samain. Aunque difundida por un contexto cristiano, esta noción de Anaon es puramente druídica. Los Anaon son, con toda evidencia, los "hijos de Ana", equivalente de los Tuatha Dé Danann.

De: "Pequeño diccionario de mitología céltica", Jean Markale. 

Poemas y sentencias de la mística medieval Hadewijch de Amberes




Pero el que quiere afrontar los trabajos del Amor
deberá de Él solo aprender
-dulzura y crueldad,
alegría y dolor-
lo que hay que experimentar para amar.
Las dignas almas que han crecido en la dilección
y saben amar sin que nada las aplaque,
deben ser en todo momento
fuertes y audaces,
      siempre dispuesta a recibir
      consuelo o aflicción
a merced tan sólo del Amor.

Las vías del Amor son extrañas:
lo sabe bien el que quiere seguirlas:
inquieta de pronto al corazón decidido:
el que ama no puede encontrar constancia.
     Aquel a quien la Caridad
     toca en el fondo del alma
conocerá muchas horas desoladas.

Ora ardiente, ora frío,
ahora tímido y luego audaz,
numerosos son los caprichos del Amor.
Pero en todo momento nos recuerda
      nuestra deuda inmensa
      para con su alto poder,
que nos atrae y nos quiere para Él solo.

Ora gentil, ora terrible,
próximo ahora y luego lejano:
para quien lo conoce y confía en él,
esto mismo es gozo supremo.
        ¡Cómo golpea y abraza
        el Amor
        en un solo acto!
Ora humillado, ora exaltado,
oculto ahora y luego manifiesto,
para ser un día colmado por la dilección
hay que arriesgarse a muchas aventuras
      antes de alcanzar
      ese punto en que se goza
      de la pura esencia del Amor.

....

Este canto que va más allá de toda palabra,
hablo del poderoso Amor,
no puede revelarse
a los corazones fríos, ni a aquellos
que han sufrido poco por amar.
¿Qué sabrían ellos de este reino?
Sólo se da a los más nobles,
a los más audaces, alimentados con la leche del Amor.

....

Desear, vagar, esperar mucho tiempo
esta primavera, que es el propio Amor,
nos hace despreciar a la muchedumbre extranjera,
perder mucho, ganar infinitamente.

....

Y sin duda sufriría sin perjuicio
en el vasallaje del Amor
si me diera claro conocimiento
de sus íntimos senderos.

....

Consuelo y desgracia todo junto,
tal es de amor el extraño sabor.

....

Aniquilarse en el amor es lo más elevado que conozco.

....

El invencible Amor desconcierta al Espíritu. 

Ana (o Anna, Anu, Dana o Don)




Diosa-madre de los antiguos celtas. En Irlanda, es la madre de los dioses, los famosos Tuatha Dé Danann (tribus de la diosa Dana), y su nombre ha permanecido vinculado a la toponimia, por ejemplo en dos cimas de los montes de Kerry a las que llaman "Paps of Anu" (Tetas de Anu). En la tradición galesa, con el nombre de Don, es también la madre de algunos dioses más o menos heroizados, como Amaethon, Gwyddyon y Arianrod. Pero se la puede reconocer, igualmente, en la irlandesa Morrigan, la galesa Rhiannon o Modron (= maternal), y aun en el hada Morgana de las novelas de la Tabla Redonda. Se trata, en realidad, de una divinidad indoeuropea arcaica, conocida en la India con el nombre de Anna Purna (Ana la que provee), denominación que se dio más tarde a un pico del Himalaya, y en Roma con el de Anna Parenna, personaje que, conforme al racionalismo latino, fue fuertemente historizado. Es más que probable que este personaje divino fuera cristianizado bajo la figura de Santa Ana, madre de la Virgen María, de la que la leyenda bretona hace una especie de divinidad tutelar, con una tonalidad céltica perfectamente reconocible. 

De: "Pequeño diccionario de mitología céltica", Jean Markale.

jueves, 21 de agosto de 2014

Fragmento de la gesta "Beowulf": cuando el héroe se enfrenta al dragón de los pantanos




XX

Pero Hrothgar, centinela de los scyldings, respondió: -No hables de paz, que el dolor cae nuevamente sobre el pueblo danés. Aeschere, el hermano mayor de Yrmenlaf, ha sido asesinado. Él, mi consejero más estrecho, mi guerrero más leal en la batalla, el hombre con el que arriesgué mi vida tantas veces cuando el enemigo quiso doblegar nuestros yelmos engalanados con jabalíes. Ejemplo de nobles fue y será. Una bestia maldita fue su asesina en Hereot; nadie sabe hasta dónde lo arrastró. Triunfal, se resarció de la derrota sufrida por Grendel bajo tu brazo poderoso, que ayer le diste su merecido por menoscabar a su pueblo. Pero aun cuando Grendel fue vencido, ahora nos devasta otro ruin adversario, su madre, sedienta de muerte, rapaz como nadie en la represalia, que a mis hombres afligidos los tiene por la muerte de uno de sus líderes, yertas sus manos que tanto se abrieron para dar. Mis súbditos suelen referir sobre dos monstruosos habitantes del pantano, turbios espíritus que merodean en el fango. Testimonian que mientras uno tiene figura de mujer, el otro, de proporciones más gigantescas, holgando constantemente como un desterrado, adopta dimensiones mayores a las de un hombre.

<<Desde inviernos inmemoriales bautizamos a este con el nombre de Grendel; se ignora quienes eran sus padres y si hubo otros descendientes. Moran en sombrías planicies, acantilados azotados por el viento, baldíos senderos que atraviesan la espesura de la ciénaga, desembocadura de un torrente que se abisma desde riscos neblinosos. Cerca se abre un pantano rodeado por un bosque cuyo follaje escarchado acaricia las aguas. Y noche tras noche, vaya prodigio, esas aguas despiden llamaradas. Nadie ha escudriñado sus profundidades. Ni siquiera el ciervo de gallardos cuernos, al huir de la persecución de los perros, osa sumergirse en la ciénaga; prefiere morir en la orilla. Es un lugar amenazante. Si el viento espolea la ira de la tormenta y el agua cae del cielo en medio de la niebla, el oleaje asciende rasguñando las nubes. Sólo tú puedes aliviarnos. Pero aún ignoras los tenebrosos laberintos donde mora el blasfemo. Enfréntalo, si el valor y la suerte te acompañan, que yo podré retribuirte con abundantes obsequios, ancestrales tesoros, oro bruñido y brillante>>.

XXI

Beowulf, el hijo de Ecgtheow, respondió: -No te acongojes, querido rey. Es mejor vengar al amigo muerto que dolerse inútilmente. Nuestros anhelos en esta vida están contados; sólo con fama vencemos a la muerte; la memoria es el relicario del ser humano. Vamos, protector de tu reino, y persigamos el rastro de la progenitora de Grendel. Te doy mi palabra: no quedará impune, cualquiera sea su escondite, en la tierra, los bosques montañosos o en el lecho del mar. Sé resignado con tu aflicción. Es cuanto espero de ti.

El anciano monarca se incorporó dando gracias a Dios por las palabras del gauta. Con bridas y monturas preparó su vigoroso caballo y siguió la ruta escoltado por sus hombres. Las huellas del malogrado servidor de Hrothgar se esparcían por la planicie y por franjas boscosas; la brutal victimaria había arrastrado el cadáver hasta los desolados pantanos. Entonces se abrieron rutas por acantilados, precipicios y laderas, escarpados senderos sobre las aguas infestadas de bestias. Beowulf, escudriñando el territorio, marcha al frente de un grupo de valientes; cruzaron el sombrío follaje hasta alcanzar un gris roquerío donde los troncos se torcían y a cuyos pies se agitaban aguas sangrientas. Conmovidos quedaron los daneses al descubrir la mutilada cabeza de Aeschere en una pendiente que bajaba al pantano. El agua rebozaba sangre; la contemplaron asombrados, cruento fluido. Y el sonido del cuerno llamó a la guerra. Los soldados avistaron en el pantano peligrosas criaturas marinas; algunas se tendían en los riscos, las mismas que inquietan a los marineros, al llegar la aurora, en la ruta del navío. No sin rencor de alejaron al gorjeo del cuerno. Una de las sierpes fue alcanzada por la aguda flecha del gauta. Aturdida quedó en el agua y nada pudo hacer cuando las mortíferas adargas la embistieron. Reducida, arrastraron su cuerpo a un promontorio donde absortos quedaron los hombres ante tan repugnante dragón. Beowulf, arriesgando su destino, quiso entrar en acción. Su grandiosa cota de malla, urdida por manos laboriosas, protegería su cuerpo, la cámara de huesos, cuando se internara en las aguas. Escudo del corazón sería ante la arremetida de las bestias, quedando la cabeza bajo resguardo del áureo yelmo, con bordes noblemente orlados por jabalíes, faena de herreros en tiempos arcanos, salvaguarda de la vida ante la hoja de las espadas o el hacha, compañía del héroe en las abismales tinieblas del fondo marino. No indigna era la ayuda de Hrunting, la espada del consejero de Hrothgar, preciada reliquia de hierro, cubierta de cicatrices, había sido templada con néctar de guerra. No traicionaba a ningún caudillo que la empuñara en duelo encarando al enemigo. Sería nuevamente una ardua jornada. En verdad, si el hijo de Ecglaf, fuerte por sí mismo, resignaba la espada a uno mejor que él, era porque abjuraba de aquellas palabras que salieron de su boca, durante el festín, en plena embriaguez; no estaba en sus propósitos descuidarse al choque de las olas.

XXII

Por eso mancillo su honor y su fama. Pero no Beowulf, hijo de Ecgtheow, armado para el asalto, y quien habló así: -Nunca ignores, venerable descendiente de Healfdene, prudente monarca, al estar yo pronto a la carga, lo que hemos sentado de palabra: si he de perder la vida, serás para mí igual a un padre. Si la suerte me es adversa, te pido que ampares a mis súbditos, camaradas de combate, y que entregues a Hygelac, generoso Hrothgar, los obsequios que tu bondad me entregó; así, cuando el firme oro sea saludado por el rey de los gautas, hijos de Hrethel, tendrá noticia de la generosidad que me has prodigado siempre, insigne señor. Y deja para el famoso Unferth la presea legendaria, la espada de temible hoja y rico diseño; ahora me voy empuñando a Hrunting; honor o muerte.

Y luego de estas palabras el líder de los gautas se dirigió con rapidez hasta la orilla, sin esperar respuestas. Se zambulló en las aguas y escudriñó largas horas, antes de llegar al lecho abisal. La madre de Grendel, sanguinaria y desalmada loba, centinela terrible de esos abismos por innumerables inviernos, advirtió que alguien hurgaba la guarida de los monstruos. Se abalanzó sobre el guerrero con sus garras mortíferas, pero las zarpas no hicieron mella en el sólido arnés y la cota de malla que al cuerpo celaban. La loba lo aferró con violencia sumergiéndolo hasta la abisal madriguera. El caudillo luchaba con bravura aun cuando la espada no pudiera empuñar. Las bestias lo acosaban en las profundidades tratando de herirlo con dientes filosos. Beowulf pronto cayó en una escabrosa gruta, ajena al azote del oleaje y las corrientes, madriguera de la bestia iluminada por el resplandor del fuego. Pudo ahí contemplar cara a cara la amenazante figura de la posesa. Y ciñó con fuerza la espada desde el puño anillado y la descargó sobre la cabeza adversaria. Pero el filo de la espada no mordió aquella carne; por primera vez, después de tantas escaramuzas, erraba el arma que cotas y yelmos había destrozado. El caudillo, estimulado por su honra, permaneció resuelto sin aflojar el brío; pronto, haciendo a un lado la espada, se entregó al poder de sus manos, desafiando como quienes no retroceden ante la muerte y fraguan su fama en la lid. Y sin dilaciones, atizado por la ira, aferró por el hombro a la madre de Grendel y la derribó. Pero ella contraatacó apretándolo con sus brutales garras y él, extenuado, después de tambalear, se precipitó a tierra. La madre de Grendel, enceguecida por el odio, se abalanzó sobre el gauta blandiendo un puñal afilado. Quería resarcir la muerte de su hijo. Pero la hoja resbaló contra el blindado tejido de la pechera sin perforarla. El hijo de Ecgtheow, gracias al favor del Cielo y a la sólida armadura, se salvó de muerte en aquella gruta abisal. La providencia divina permitió entonces que el héroe se erigiera nuevamente.

XXIII

Y avistando una hoja implacable cincelada por gigantes, honor de osados, el filo agudo y brillante, una espada que sólo él, defensor de los scyldings, podría asir, no vaciló en levantarla y precipitó violentamente su hierro en el cuello de la arpía, cercenando músculos, tendones y huesos. Vencida, se desplomó a sus pies. La espada sangraba. Beowulf rebosaba júbilo. Un destello reverberaba en la madriguera con un brillo sólo comparable con el de la antorcha del cielo. Beowulf escudriñó el lugar avanzando junto a un muro. Aún ceñía la espada; quería encontrar a Grendel y vengar de una vez por toda sus calamidades a los daneses, los valientes caídos en aquellas incursiones nocturnas al recinto de Hrothgar, quince engullidos mientras dormían y otros quince arrastrados por la bestia, aciaga redada. Pero la justicia del gauta se había consumado. El cuerpo de Grendel inerte yacía; las heridas recibidas en el duelo, al enfrentarse a Beowulf, lo arrebataron de la vida. Aun así la carroña se sacudió ante la nueva embestida del indómito guerrero, quien de un solo golpe lo decapitó. En las orillas del pantano, Hrothgar y sus vasallos observaron cómo las aguas se revolvían tumultuosas, oscureciéndose de sangre. Los más ancianos temieron lo peor; Beowulf, pensaban, ya no retornaría a la superficie para celebrar la victoria con su rey. La fiera, se dijeron, lo habría asesinado. Al cumplirse la novena hora, los nobles scyldings se apartaron de allí; el monarca volvió a su hogar. Sólo los gautas permanecieron en la ribera, cabizbajos, con el corazón destrozado, pues esperanzas no tenían de saludar nuevamente a su generoso señor. Mientras tanto, la sangre vertida en la hoja de la espada, comenzó a fundirla. Y el hierro se hizo frágil como el hielo que se derrite al paso del agua con la crecida al ser propicia la estación, portento nacido de Dios, quien gobierna sobre los años. El líder gauta no se apropió de reliquia alguna; su único trofeo fue la cabeza de Grendel y el mango de la espada, pues la hoja fue deshecha por la sangre envilecida del homicida.

Y luego volvió a sumergirse y ascendió a la superficie purificando las gélidas aguas. La presencia de Grendel había sido sofocada. Y el avezado navegante, galardón en mano, ascendió triunfal y nadó hasta la orilla. Sus leales vasallos lo recibieron con emoción, dando gracias a Dios, pues el gauta volvía indemne a tierra firme y segura. Raudos, lo aliviaron de la cota y el yelmo, mientras la paz volvía a las aguas, y emprendieron el viaje, alborozados, cruzando laderas, exhibiendo el despojo, la cabeza del monstruo, empalada en una lanza sostenida por cuatro hombres; indómita era aquella hueste, distinguidos entre los distinguidos, enfilando hacia el fortín. Fue Beowulf, cubierto de gloria, quien primero ingresó saludando a su señor. En Hereot los hombres bebían; el gauta arrastró la cabeza de Grendel, cuyo porte sombrío todos contemplaban con estupor.  

Amfortas (o Anfortas)


Nombre que lleva el Rey Pescador en el Parzival de Wolfram von Eschenbach. Padece por causa de una herida en el muslo (eufemismo por las partes sexuales) que le duele más aún cuando hiela, lo que hace de él un símbolo solar (el sol prisionero del frío). Ha recibido esta herida como castigo por una unión desigual: ha tenido relaciones sexuales con una mujer que no era digna del linaje de los guardianes del Gaaln (los templarios, según Wolfram), de quienes es jefe. Serpa curado por Parzival, que es sobrino suyo, cuando éste le haga esta simple pregunta: "Tío, ¿qué te aqueja?". Ricardo Wagner exageró notablemente el papel de Amfortas, dotándolo de una mística algo ambigua. 

De: "Pequeño diccionario de mitología céltica", Jean Markale.