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miércoles, 20 de agosto de 2014

La Edad de Oro es actualmente



Meditaba, cuando de súbito el lago se abrió frente a ella. Una voz emergió de él. Le dijo:

“Los ciclos cósmicos y las etapas de la humanidad, que se han ordenado desde lo más divino hacia lo menos divino, desde la Edad de Oro hasta la actual Edad de Hierro, desde los orígenes paradisíacos hasta el descenso y la disolución final, y que autores como Guénon, así como religiosos de todos los tiempos y de diversas tradiciones han ordenado linealmente, en realidad no son consecutivos, son simultáneos. La Edad de Oro está aquí presente. La Edad de Hierro es perpetua: no tiene su fin en sí misma o en su propio nivel de realidad. Los ciclos no se sitúan en fila uno tras otro, no se suceden, sino que se ubican en escala uno sobro otro, de forma que son a la vez. Basta ascender por la escalera que conduce a las profundidades de este lago, para escalar por las etapas progresivas, hasta desembocar en la pura luz.”

A los pies del lago




Soñó, entre el sueño y la vigilia, con un amplio y profundo lago en el que las ninfas moraban. Al aproximarse, las ninfas le susurraron: 

“Todo deseo que pidas a los pies de este lago, te será concedido. Pero este lago no se abre cuando está turbio. Para que el deseo penetre en el lago y pueda realizarse, el lago debe estar abierto, debe estar sereno. Y tú, al dirigir el deseo, no debes perder un ápice de esa serenidad inquebrantable y entonces todo lo que pidas te será concedido”. 

Sorprendida, miró hacia las profundidades del lago y al hacerlo vio que el lago era su corazón mismo, su ser interior, su alma.